El mejor corte no es el de la foto: es el que equilibra tu rostro. Esta es la lógica que usamos en la silla antes de tocar la tijera.
Ovalado, redondo, cuadrado, alargado o corazón. Cada uno pide algo distinto: el corte compensa lo que el rostro tiene de más.
Rostro redondo → altura arriba, lados cerrados (afina). Alargado → menos volumen arriba, algo de peso en los lados. Cuadrado → casi todo le queda. Así el corte trabaja a favor de tus facciones.
El corte perfecto que no puedes mantener no sirve. Preguntamos cuánto tiempo le dedicas y ajustamos: más fade = más mantenimiento; más tijera = más libertad.
Definimos el estilo, lo cortamos con precisión y te mostramos cómo mantenerlo en casa. Sin adivinar, sin tendencias al azar.
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